Mi negocio es el campo

Comúnmente la agricultura se percibe como una profesión poco especializada y algo estancada pero, ¡nada más lejos de la realidad!

Es cierto que sigue siendo un sector tradicional, y que su negocio ha cambiado muy poco en siglos en cuanto a lo que producen: seguimos comiendo naranjas, patatas y plátanos. Sin embargo, el profesional del campo hace mucho más que sembrar y recoger, y en muchos aspectos puede equipararse a muchas flamantes startups digitales (sobre todo en cuanto a conocimientos profundos de su sector, habilidades necesarias y tareas se refiere).

Y es que aunque los productos del campo son considerados ‘de primera necesidad’ en la alimentación, hoy más que nunca, también hay modas, ¡y mucha competencia!, hay avances tecnológicos, hay comercio digital… Es cierto que como colectivo van poco a poco -según Eurostat, sólo el 4% de los titulares de explotaciones tiene menos de 35 años, y eso es importante-, pero también avanzan con los tiempos, se adapta y, sobre todo, trabaja mucho. Muchísimo.

Desde aquí queremos dar a nuestros agricultores el crédito que merecen como emprendedores de pro e impulsores de innovación y hacer un llamamiento a que se reconozca su inestimable tarea y su misión como punta de lanza de la recuperación económica. Para ello nos gustaría repasar algunas de las tareas que un  agricultor de hoy, que quiere salir adelante y prosperar, realiza en su día a día:

  • Es director general de una empresa: Ya funcione como autónomo o forme parte de una cooperativa o empresa, el propietario de una explotación agraria necesitará realizar un plan de negocio para tener claros los objetivos, la situación del mercado, la inversión necesaria o las previsiones de ventas. Por escrito, con datos y expectativas realistas.

  • Es gestor y administrativo: Tiene que registrar su actividad y su producción como corresponda a su comunidad autónoma, ha de mantenerse al corriente de sus impuestos y estudiar posibles subvenciones, ¡y solicitarlas!, con toda la documentación que eso conlleve. Además, debe estar al tanto de las cuotas europeas o locales y cumplirlas.

  • Es financiero: Pagar a los proveedores y trabajadores si los hubiera, y registrar pérdidas y beneficios es solo una parte. También tiene que utilizar su dinero de manera eficiente, calcular cuánto puede invertir en maquinaria o materias primas y establecer un colchón financiero que le permita resistir cuando haya meses más flojos. Todo eso teniendo en cuenta que maneja uno de los márgenes de beneficios más estrechos que existen.

  • Es experto en mecánica y tecnología: La mayor parte de las explotaciones agrícolas utilizan vehículos y maquinaria específica que deben entender, manejar, y reparar llegado el caso. Dependiendo del producto, la tecnología habrá llegado también más o menos lejos para la recolección, procesos de maduración, podado…

  • Es meteorólogo: Por supuesto, y aunque parte de su conocimiento en este campo viene de su experiencia al estar en contacto continuo con la naturaleza, también estudia y se forma en este terreno, ya que de lluvias y sequías depende su producción y seguramente sus siguientes pasos a lo largo del año.

  • Es comercial: De nada sirve hacer crecer los mejores vegetales si nadie los compra. Más allá del mercado de su localidad, el agricultor debe tratar con distribuidores, conocer los diferentes canales de venta y asegurarse de que toda la producción llega al cliente final. En este sentido, muchos se han adaptado a las nuevas tecnologías y es muy común ver que gestionan su producción y venta en alguna plataforma tecnológica externa o página web propia.

  • Es publicista: El mejor marketing es la calidad del producto, sí, pero en este mundo la diferenciación es poca (¿cómo distinguimos una cebolla de otra cebolla?), así que la creación de una marca, el prestigio intangible del productor y su atractivo de cara al consumidor son cosas que hay que ‘cultivar’ (y nunca mejor dicho).

  • Es responsable con el medio ambiente: Precisamente porque se trata de una de las profesiones más ‘naturales’ y antiguas del mundo, los trabajadores del campo saben que la tierra devuelve lo que recibe, por eso están al tanto de evitar en lo posible (o al menos conocer sus consecuencias) productos químicos contaminante o procesos mecánicos contaminantes o con una huella de carbono excesiva.

Como vemos, este negocio puede ser tan similar en su funcionamiento empresarial a cualquier otro como diverso dependiendo de su localización, tamaño o producto. Y no olvidemos a toda la cadena de suministro e industrias asociadas como transporte, innovación, control de plagas, marketing… que ayudan a profesionalizarlo cada vez más. 

Emprender tiene mérito, sobre todo en el campo.

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